Los Errores Europeos


La gran idea sobre cual se asentó la Unión Europea, tal como la conocemos, nos garantizo a los europeos un intervalo temporal  más estable y tranquilo para poder desarrollarnos como países y como individuos.

“Descentralización”, un término  utilizado hasta la desmonetización, suponía evitar que el estado, cualquier estado europeo, se convierta en él que impone, dejando así, a las unidades territoriales componentes, la libertad en competir y administrar sus recursos. Como la competición entre los seres humanos.

Por desgracia, algunos han encontrado en este concepto la nueva manera de deshacer la soberanía de varios países europeos, enarbolando banderas tan generales, que suenan bien pero que son vacios de consistencia.

Hablamos de una Europa laica, como panacea para todos los males. Esta laicidad, que debería garantizarnos a todos la libertad confesional, tal como la recogen las constituciones de cada país, se ha convertido en el ridículo “quita cruces” hasta de los envases de yogur. ¿Se imagina alguien con sentido común que si borras con photoshop la cruz de una iglesia, se borra también, la fe de una persona? Por el mismo principio, deberían desaparecer, también, cualquieras imágenes  de la Luna, en cualquiera de sus fases; deberían desaparecer cualquieras imágenes del bambú,  cualquieras imágenes que tienen que ver con creencias religiosas asiáticas, con las escuelas de yoga, meditación, relajación u otros sinónimos.

Si Hannah Arendt  seguiría viviendo en estos tiempos, estaría curiosa por saber que creyera ahora sobre la “Sociedad abierta y sus enemigos”. Porque Europa se ha convertido en la tierra que reniega de sus raíces cristianas; hemos alcanzado el gran logro de querer borrar o prohibir lo que nos ha vertebrado como sociedad, para ser inclusivos, mientras que lo reciproco no pasa en otras partes del mundo.

Hemos sacado de la manga el falso documento identitario (y no de identidad) de “ciudadano del  mundo”, sin darnos cuenta que este título que tantos enarbolan con orgullo, significa desarraigo. Ser de todas partes, sin pertenecer a ningún lado. La más sencilla forma de emplazar o rellenar un vacío existencial con otras ingenierías sociales.

Y todo esto, en nombre a un falso progreso.

Me parece una trágica estrechez  de visión a largo plazo,  que en el siglo XXI  sigan vigentes ideas políticas  que en el siglo XX han traído dos guerras mundiales;  que se cuestionen las actuales formas o titulaturas de estados, como cuando tendría alguna relevancia si vives en una republica o en una monarquía, cuando lo que importa son los retos que tenemos por delante en tantas áreas, conocidos por todos.

Si hasta en 1989 el lenguaje de madera se aplicaba solamente al modo de hablar empleado en los países comunistas, ahora estamos ahogándonos en otra y peor “langue du bois”, como la nombró Alain Besançon.

Palabras tan dignas, como “libertad”, “democracia”, “patria”, “derecho de voto” y tantas otras que entraron en el repertorio del “politically  right”, son la nueva y muchísimo extendida nueva lengua de madera. Y que te proteja Dios si te atreves a llevar la contraria, porque ningún tipo de argumento estadístico, filosófico, ético, ninguno será válido.

Lo que de verdad importa es el nivel de la educación, que sigue bajando, sin darnos cuenta que los alumnos de hoy son los que trabajaran mañana, que ellos serán los a quienes vamos a deber el descubrimiento de una nueva medicina, de un nuevo sistema de transporte. O simplemente los que cuidarán de sus padres, de diferentes maneras, salvo si serán adeptos de la eutanasia.

Además, algunos adultos de hoy ni llegarán a tener un hijo, por su propia elección, para conseguir una posición laboral o social y para esto, si por el camino pasa un “accidente”, un embarazo no deseado, tienen la solución a mano: una píldora o una clínica y un aborto.

El número de abortos en Europa es el número de personas que no aportarán nada al futuro: ni conocimientos, ni descubrimientos, ni impuestos. Y como sabrás que no te has cargado a un futuro Newton, un futuro Mozart, una futura Camille Claudel o Ana Aslan? Sí, algunos somos dueños de nuestros cuerpos, siempre es así desde cuando nacemos, pero quienes serán dueños de  estos cuerpos cuando llegará la vejez?

Y, por encima, clases políticas que  han olvidado que son los que representan a sus votantes y no al revés, que impongan ideas con cuales los votantes no comulgan.

Las preguntas que me hago en lo que a Europa se refiere son como conseguiremos enseñar a nuestros hijos que lo mejor es tener tu propia empresa, por muy pequeña que sea. Así no dependerás de la pensión que te proporcionará un ente, da igual que sea el estado o un fondo privado o cualquier combinación entre las dos.

Me pregunto también cuando habrá legislación  que fomente o que ayude a la clase media emprendedora. De los funcionarios, en cualquier país, cuida el estado y por esto, cuando eligen un puesto de trabajo así, saben más o menos cuales serán los sueldos, las responsabilidades, los riesgos, si tienen o no la vocación para aquella posición. ¿Cómo podrían estar delante de una clase, como maestros, si no consiguen abrir perspectivas estimulantes en la mente de los alumnos, por ejemplo?

Todas, temas extremamente actuales, sobre cuales se podrían escribir páginas y no lo sé si tendrían unas verdaderas  respuestas resolutivas.

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